Mi trabajo refleja mi propio proceso de crecimiento y reconocimiento. Proceso de trabajo hacia arriba, de tierra a cielo, de los pies a la cabeza, desde la ignorancia y falta de visión a la conciencia y visión del ser, desde la desconexión a la conexión del corazón.

El sentimiento de no pertenecer, aislamiento, confusión, inquietud, ansiedad, hizo que buscase una comprensión y respuesta a mi estado. Trabajé mi campo emocional, físico y mental con terapias y técnicas específicas que me ayudaron a poner orden en mi plano terrenal, abriéndome a mis raíces y recuperando la energía.

El sentimiento de rechazo del exterior cada vez era mayor, a medida que reconocía mi energía, expresaba mi ser, mayor era este sentimiento y también mi confusión.

Estaba entrando en el cuerpo sutil, trabajar en este cuerpo fue revelador. Es un funcionamiento totalmente distinto al plano terrenal, muchas comprensiones podía obtenerlas en este plano.

Este sentimiento de rechazo no era a mi persona, sino a mi energía, lo que ésta representaba. En el plano sutil se da una división más clara entre vibraciones, hay movimientos que se observan con más claridad que en el plano terrenal.

Así pude ampliar la visión del ser, como se mueve la energía, se dirige, manipula, distorsiona, ayuda…

En mi maestría de Reiki reconocí mi Presencia, cómo observaba la realidad desde este estado y cómo cambiaba la percepción, veía aspectos sutiles, intenciones que se ocultan a la visión normal, esta nueva percepción me ayudó a mantenerme en quietud y observación ante las circunstancias. El rechazo y desprecio era mayor.

Pude comprender la importancia de la honestidad en el trabajo y la pureza del canal. Si el canal no se mantiene puro y abierto, la energía puede ser manipulada por la mente. La oscuridad se aprovecha de nuestras heridas para obstruir el canal desde la mente, era necesario trabajar el campo mental, vaciarlo, para eso sanar las heridas del ser era imprescindible.

Trabajé heridas con seres preparados, pero sus heridas no sanadas impedían que profundizase en las mías, sus heridas, sus mentes reforzaban las mías.

Así llegué a la meditación, vaciar la mente para crear un espacio puro donde la energía se mantenga en ese estado y el ser se sienta en confianza para abrirse.

Todo este proceso ha sido realizado en soledad, con un profundo sentimiento de rechazo que descubrí era hacia mi vibración, mi luz, vibración que siempre ha despertado malestar en los demás y confusión en mi.

Soltar la mente, apegos, deseos, era necesario, ya tenía energía suficiente en mi vientre y corazón para mantenerme y no perderme en estos movimientos. Atravesar la mente es entrar en espacios duros, oscuros, que producen mucha desconexión. Poco a poco se fue despejando y entrando en vacío, que me permitía vivir momentos de bienestar y calma, era liberador. La visión terrenal se va perdiendo, otro nivel de conciencia te da una visión más amplia.

En este estado la energía se manifiesta con mucha fuerza, Verdad, seguridad. El rechazo externo no llega a este nivel de vibración, es un espacio seguro.

Ese vacío se va llenando con energía nueva, suave, amorosa, blanca, crística. Todos los cuerpos sanos se han elevado, el corazón puro se manifiesta, lo antiguo desaparece, todo el dolor y sufrimiento se borra, una visión totalmente nueva hace que mires al ser desde el Amor y la Compasión. Comprendes que esa luz blanca está en el corazón de todos los seres y en Amor a la humanidad sientes que has de mantenerte para que no se olviden de quienes realmente son.

diana noori meditación